“Candil de la calle…”

A la luz de la velaDespués  de casi tres meses de asistir a  consulta para que me  señalaran fecha para la intervención quirúrgica (ambulatoria y por mínimo acceso) a la que me debía someter, ¡albricias! finalmente me dieron fecha para un mes después. Me sentí dichosa, ya que aquí en todos los hospitales es cosa normal la poca disponibilidad de salones quirúrgicos, debido a numerosas causas, tales como contaminación, filtraciones, deterioro de techos y paredes, etcétera.

 

 

Ya con todo planeado y en orden para el momento, acudí ayer a la cita con el anestesista que estaba prevista para las 8.00 de la mañana. Me dirigí al buró de Información para que me indicaran dónde ubicar la consulta de éste. Me dijeron fuera al cuarto piso a la Sala G. Una vez allí,  me percaté que en dicha sala no había nadie. Recorrí todo el cuarto piso, de un lado a otro, preguntando a todo aquel personal de bata blanca que se cruzaba en mi camino: nadie sabía darme una indicación correcta. Algunos me sugirieron bajar al tercer piso y preguntar. Todo fue inútil, bajé y subí por las escaleras un par de veces, pues ya había cola en el único ascensor de los seis  que estaba funcionando.

De nuevo en el cuarto piso, decidí esperar por el cirujano que me operaría mañana, para explicarle lo sucedido. Cuando lo vi venir, me adelanté a interceptarlo, pues tenía varios pacientes aguardándole. Fue entonces que me explicó, que no siguiera buscando al anestesista, pues no estaba operando, debido a un accidente en el quirófano, que volviera dentro de 15 días a consulta, a ver qué se podía hacer.

Salí del hospital sorprendida y decepcionada, pues ya me había estado preparando física y mentalmente para el momento. Incluso había tenido que postergar una exposición en el extranjero y aplazar la  añorada visita de mi nieta a Cuba, dos cosas estas muy importantes para mí. Además, ¿entonces, cuando me llenaron el formulario para la operación, para que me  pidieron un número de teléfono para localizarme?

Al llegar al parqueo del centro hospitalario, donde afortunadamente me esperaban en auto, supe por el propio “parqueador”, que lleva algunos años trabajando allí, que en el salón de operaciones  en cuestión, había habido un fuego hacía unos días y por eso estaba cerrado, que además había un solo anestesista para todo el hospital porque, normalmente,  las personas que vienen a consultarse pre-operatorio salen de allí a veces a las 3.00 de la tarde, pues es él solo para el salón y las consultas.

Me marché del hospital pensando que, desgraciadamente,  en mi persona se había corroborado una broma que con frecuencia yo utilizaba con mis amistades: si te enfermas  aquí,  entonces saca pasaje y vete a Haití  o Venezuela para que te atienda un buen especialista cubano con todas las condiciones, porque la salud pública en Cuba es  “Candil de la calle, oscuridad de la casa.”

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2 pensamientos en ““Candil de la calle…”

  1. Creo que son cosas que pasan. Pero quiero expresar mi propia experiencia.
    El pasado 9 de enero me operé de la vesícula por mínimo acceso en el Hosp H.Amejeiras.
    Les cuento.
    Despues de un último dolor en el mes de sep de 2014 decicí atenderme el tema. me puse en contacto con un médico amigo y este a su vez con el cirujano. Me hice todo un chequeo en el hospital, una amiga me ayudó a contactar con el anestecista y creánme que el mismo cirujano me llamo a mi casa para avisarme el día de la operación. Que dicho sea de paso fue todo un éxito. me siento super bien.
    Ahora mismo en USA tengo un querido amigo que está muriendo de cancer. Ha pasado por el terrible proceso de no tener seguro médico para este tipo de enfermedades c´ronicas. Es tremendo que en un país tan rico y poderoso como ese pasen esas cosas.
    Aquí sabemos que si no vas con un amigo no resuelves, pero allí, que pase eso es tambien imperdonable.
    Hay que ir con amistades que lo ayuden a uno. Si llegas sin contactos corres este riesgo.
    No se por qué Rebeca, con su inteligencia, dejó que todo transcurriera así.
    No me parece que alguien como ella pensara con tanta ingenuidad.

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